Es mi deseo anunciarles el nuevo proyecto personal de vida y/o muerte que me alegra enormemente.

Tabla a tabla

En el día 25/06/07 emprenderé un viaje a tierras más frías, aún más lejanas respecto de la ciudad capital aunque más cerca de los cóndores. Este viaje significa mucho para mí ya que durante el mismo estaré a la búsqueda de respuestas nunca antes halladas, tal vez ni siquiera preguntadas. Este viaje me hará mejor persona y me permitirá perfeccionar mi metabolismo en no menos de un 3%.

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Siguiendo con la temática de la guerra de los sexos, hoy traigo los resultados de una investigación que realicé algún tiempo atrás (no tanto porque sino podría perder validez).

Tema: aire acondicionado en ambientes laborales.
Aclaración: a partir de ahora subir el aire significa darle más temperatura, matar el frío, expandir los metales. Bajarlo, obviamente, lo contrario.

La salvacion del hombre

Lo primero y más relevante que puedo mencionar, es algo que muchos saben: las mujeres tienden a subir el aire sistemáticamente y, en casos extremos, apagarlo por completo.

Esto a simple vista ya es una locura sin razón.

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Traigo a colación uno de los asuntos que, como casi siempre, más indignación me traen: la Publicidad y su gente.
Gente que se autodenomina “creativos”… ¿Qué características debe poseer una persona para ser adjetivada como creativa? La respuesta más simple es la de crear.

Señora aflojando bulones

Yo no estoy en el medio publicitario pero así y todo creo. En el presente momento estoy creando este escrito.
Asimismo, ¿ser un publicitario implica sí o sí ser creativo? ¿Y si sólo es un ladrón? ¿Crear un robo es considerado algo creativo? ¿Entonces los publicitarios son ladrones?
Ya lo creo.

Robaron un adjetivo tan bello (ok…) con el único objetivo de sonar más cancheros. “Hola linda, ¿venís siempre a bailar acá? ¿No? Bueno, no importa, yo soy creativo.”

Pero la parte más indignante para mí es cuando me pongo a pensar en qué cosas crean. ¿Crean vida? ¿Crean parques? ¿Crean orfanatos? ¿Crean pastafrolas? ¡No! ¡Crean publicidades tristísimas!

Confieso que no puedo ser objetivo en este tema (ni en ningún otro, por supuesto). Cada vez que miro la televisión y hay propagandas, indefectiblemente cambio de canal. SIEMPRE. No conozco más del 2 ó 3% de la publicidad actual.

Tengo varios motivos para hacer esto, voy a nombrar dos:

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Para esta teoría no fue necesario que tenga que internarme en ese infierno que orgullosamente llaman “sociedad”. Fue un alivio, me estaba estresando un poco…
Hoy la curiosidad que me persigue es la costumbre de conmemorar meses, años pero nunca números redondos. Grafico:
- Feliz cumplemes amor!
- Feliz aniversario amor!
- Felices 1000 días amor!

Regala algo lindo... rata!

La tercera opción es la que falta siendo prácticamente la más lógica.
Pensando en los “mesarios” a simple vista hay algo muy irregular: la conmemoración nunca obedece a un ciclo exacto, ya que los meses varían en su cantidad de días. Entonces en Enero los enamorados festejan 31 días de unión, en Febrero 28 (o 29), en Marzo 31 de nuevo, Abril 30 y el resto dedúzcanlos ustedes (les di una manito con los primeros meses). Y ahí es cuando mi sensor de incoherencias se activa y me hace pensar. ¿Es por vagancia?

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No comprendo, no entiendo.
Esta es una molestia que fue creciendo en mí de forma exponencial. Son los tiempos que corren…

Cada tanto cuando me camuflo entre la gentuza escucho nombres “famosos” que me resultan completamente desconocidos. Siendo que yo miro bastante televisión, me generan curiosidad. Pero claro, yo miro una televisión con un mínimo de decencia, entonces cuando indago acerca de estos nuevos personajes indefectiblemente me topo con caras y caretas de 4ta categoría. Rameritas de turno con romances inventados, actorcitos con ojos azules y nada interesante para decir, peluqueros que lo que menos hacen es peluquear, modelos devenidos en cantantes; en definitiva… muñecos.

Atencion por donde ingresa el palo

¿Por qué hay tanta gente interesada en vidas irreales? ¿Qué lleva a miles de personas a escandalizarse, emocionarse, apenarse, alegrarse y unos cuantos etcéteras más, mientras siguen eventos que les ocurren a personajes completamente fantasiosos?

Sí, claro que sí, estoy hablando del chulolismo, de la farandulez, de la idiotez. Estoy hablando de revistas y programas televisivos que acercan todo ese mundo ridículamente artificial a la pobre gente. Programas que llenan las cabecitas huecas con nombres e hitos digitados por un ambicioso productor, con el sólo fin de llenar unos minutos de aire y así cobrar sus miles de dólares. ¿Y todo con qué? Con nada.

Pero es un negocio y no me meto, yo no culpo a los comerciantes, culpo a los consumidores.

Consumidores de nada. ¿Qué consumen? La nada transformada en noticias del tipo:
- “¡¡Casamiento del año!! Luego de 9 días de apasionado noviazgo, la vedette Perri Taencelo se casó con el futbolista Vamolo Pibe.”
- “¡Papelón! Famoso playboy no habría logrado una erección en su noche de bodas.”
- “Pelea entre modelos por la elección de tanga para el desfile de G0rdano!”

Pero que interesante!

Me permito un insulto… LA PUTA MADRE!!

Y hago la aclaración: uno podría atender esto de la misma forma que mira una película, sabiendo claramente que es una ficción y punto. Pero hay personas a las que realmente les importa, gente que vive esperando las “noticias” que dan en el programa de las 15hs. Esa misma gente después comenta tales cosas en la cena, con sus amigos, en el taxi y lo peor, generan discusiones al respecto. Llenan espacios con nada. Ni siquiera eso… la nada es atractiva, en la nada se pueden encontrar muchas cosas de gran valor, pero esta nada está envenenada y lucha contra otro bien preciado: el silencio.

La conclusión es bastante obvia, esta pobre gente no sólo ambiciona la vida de aquellos que sigue por tv, sino que desprecia la suya de sobremanera. Sueñan con que algún día algo maravilloso les ocurra y se conviertan en plástico. Quieren volverse una historieta y en las historietas el que decide es el escritor, no el personaje. No quieren vivir sus vidas pero tampoco quieren morir. Son cobardes.

La mafia del plastico

Como los odio. Soy un ermitaño lleno de odio por muchas cosas y esta es una de ellas.
No se preocupen, es necesario para balancear las buenas cosas de la vida.
Preocúpense sí por sus tías, sus abuelas, sus madres, sus hermanas. Asimismo hay hombres metidos en esto, lo sé. Preocúpense por ellos también.

Ocúpense.

Saludos,
El ermitaño.

En mi cabeza comenzó a repercutir una encuesta que realizó el diario del clarinete hace unos cuantos días ya, sobre un tema particularmente escabroso para mí. La contienda se intitulaba “Si pudiera vivir sin trabajar, ¿lo haría?”.Contrariamente a lo que daba por sentado, los resultados de la encuesta conluyeron de la siguiente manera:

La locura

Quedé anodado al comprobar que una gran porción de la sociedad seguiría con el mal hábito. Me resulta inaudito esto, rozando lo ridículo, sobre todo debido a mi condición de tan amplia libertad. Seguí pensándolo y repensándolo al menos para obtener una teoría al respecto, a la cual finalmente logré acceder luego de largos días de filosofía e investigación.

Esta teoría no es divertida pero la consideré necesaria por diversos motivos. Uno de ellos es mi desprecio hacia sus modos de vida.

Vuelvo a utilizar la frase “animal de costumbre”, nunca mejor usada. Y sí que lo son.

En mis investigaciones he escuchado frases disparatadas del tamaño de:

  • “el trabajo es dignidad”
  • “amo mi trabajo”
  • “si no hago nada me vuelvo loco” (¿?)
  • “no podría estar sin trabajar”
  • “si trabajo ahora a los 80 voy a poder disfrutar de la vida”
  • etc. + 3

Continué reanimando al sector de mis neuronas que aún se encontraba en estado de shock. Fue necesaro que mi visión outsider se vuelva a nublar y mi ceño redibuje su gesto típico del agotamiento y la rutina, para lograr un acercamiento al perfil del integrante común de la sociedad.

¿Cómo alguien podía, de no tener la necesidad, elegir someterse a las leyes del horario, etiqueta, obligaciones, malas compañías y repetición incesante, impuestas por otro ser tan común como él mismo? ¿Bajo qué frase hecha se amparaba? ¿Existe un derecho a ser castigado por elección propia? ¿Tan alto es el porcentaje de incidencia del masoquismo en la gente?

El paraiso DLAV

Es una tarea extremadamente ardua, agotadora y en vano luchar contra los paradigmas sociales. Una batalla perdida. Es por eso que no lo voy a hacer, al menos no por el momento. Nada más expondré mis conclusiones que inmediatamente se transformarán en verdades, estén o no de acuerdo.

Esas personas que eligieron trabajar aún sin tener necesidad de ello, se ahogan en el miedo de abandonar su costumbre de toda la vida, la cual se transformó en una especie de religión a la que no quieren defraudar, para no sentir que fracasaron o malgastaron su vida en algo que no vale la pena.

¿Acaso no tienen otra cosa que hacer en la vida que no tenga que ver con el trabajo? ¿No disfrutan caminar sin rumbo, comer waffles, divisar objetos voladores no identificados, patear piedras? Prefieren perder el tiempo haciendo lo que otros les indican…

Supongamos que yo disfruto contando los granitos de arena de las playas argentinas y lo hago cada tanto. Si una multinacional me contratara para tal fin y me dictara “todos los días de 9 a 18hs usted debe contar granitos de arena vestido de cangrejo manco”, tal vez lo goce por un tiempo, más probablemente terminaría detestándolo, comiendo cangrejos compulsivamente y asesinando uno por uno a mis jefes.*

Si algo les gusta, ¿por qué imponerle marcos de acción?

Por un lado están los hobbies y las pasiones, y por otro las obligaciones. Yo elegí los primeros y aquí estoy, no quise resignar mi vida a una oficina.

La ermitañez me sienta bien, a la sociedad no la comprendo.

 

Saludos,
El ermitaño indignadísimo.

*esto de ninguna manera hace apología del jefecidio, es sólo una situación extremadamente hipotética (aunque bastante probable).

Aquí me encuentro luego de un viaje ermitañístico que realicé a la ciudad más austral del mundo, en plan de descubrir nuevos horizontes para mi no tan humilde morada. Ese es el por qué de mi ausencia en el blog, aunque verdaderamente no les debo más explicaciones que a mi loro embalsamado (que no tengo).

Les traigo aquí una nueva patología que afecta al mundo moderno. Esta vez voy a referirme a la vestimenta, particularmente al “traje” (defino como traje el vestir mínimamente camisa+corbata). Este razonamiento surge, como no podía ser de otra manera, de otra de mis incursiones en la vida social. Es el mejor método para estudiar los comportamientos de la masa, sin dudas!
Dando paso al tema de competencia, les cuento en qué consistió y cuáles fueron los resultados que obtuve.

Hace ya un tiempo atrás, cuando realizaba una investigación en el ámbito laboral (más precisamente fue para la teoría de las mujeres en Sistemas), observé una diferenciación entre la gente que usaba traje y la que no. Como no terminaba de comprender de que se trataba, procedí a rentar uno de estos curiosos ropajes y valientemente me lo calcé.

El girador valijudo

No les voy a mentir, la transformación fue inmediata. Salí a la calle y me sentí distinto, como si tuviera derecho a juzgar a aquellos vestidos de menor rango que yo; me habría juzgado a mí mismo veinte minutos atrás.
Comencé a caminar y me topé con un adolescente vistiendo pantalones excesivamente anchos y el pelo coloreado, a lo que inconcientemente pensé, “Algún día sabrás lo que es trabajar, pobre diablo”. Me sentí raro… Acto seguido pasó por delante mío un linyera, sentencié “¿Creés que tu vida es dura? Yo trabajo 8 horas por día sentado en un sillón. ¡Vago!”. Ahora me creía digno de codearme con esos pelados con cara de poco solidarios, quienes curiosamente eran objeto de mi desprecio.
Y así siguió la faena aunque no todo terminó ahí.

Abordé el transporte subterráneo y de repente me creí con posibilidades de conquistar a una de esas secretarias refinadas de Puerto Madero. ¿A qué me refiero? Vestido con mi habitual (y comodísima) túnica de cuero de vaca jamás habría tenido ninguna chance con una mujer de ese calibre. En cambio ahora me sentía en la cima del mundo de los galanes, uno de esos tipos que no piden la mano de una mujer sino que reciben varias, las miran, las tocan, deciden y finalmente las toman todas.
¿Había rasurado mi desprolija barba? No.
¿Había acomodado mis descontrolados pelos? No.
¿Me había cubierto en perfume? No.
Era el mismo de siempre pero dentro de un traje, sin embargo más de una simil top model de barrio me miraba con deseos (im)puros.

Siguiendo con la temática de las mujeres, no todo fue alegría para mí. Siendo yo una persona que busca más allá de la belleza gastada de las llamadas “chetas”, perdí las miradas de aquellas hermosas mujeres más básicas. Justamente las que eran de mi agrado ya no me codiciaban y tuve que deducir que se debía a que no creían estar a mi altura. Mi traje creaba una pared demasiado alta de escalar, cuando yo nunca fui más que un cordón de vereda.

Pensarán que esto debía hacerme sentir bien. Nada más alejado de la realidad. No me gustó en absoluto la experiencia, una vez desnudo sentí asco de mí mismo. La trajeada me había convertido por unas horas en un ser desagradable, había traicionado unos cuantos de mis principios.
¿Tan convincentes eran aquellas telas? ¿Dónde residía la fuente de su poder?

Claro, los jefes del mundo los usan. Sería como vivir en la misma cuadra que Tony Blair.
¿Acaso yo quería eso? No lo creo, el barrio debía ser un excesivo lujo, más no quisiera vivir mirando al cielo para ver si cae algún misil aire-tierra o tierra-tierra. O incluso algún avión.

Fogata

¿Qué conclusiones saco entonces de ese fatídico día en mi vida?
Bueno pues, los trajes son fabricados con elementos extraños por gente no menos rara. Hacen creer (y lo logran) que por medio de ellos se puede pertenecer al club de los poderosos, de los cancheros, de los banqueros, de los rateros. Ah no, ese último no, pero sí a cualquier club exlusivo cuya entrada cuesta vestirse así.
Por supuesto que es todo una ilusión, aquel refrán que habla de monos y de seda no miente.

Saludos,
El ermitaño.

Despierto de un prolongado letargo para tratar un tema que desde tiempos inmemoriales me produce escozor. La cuestión viene por el lado de la caballerosidad, del gentleman.

¿Cómo surge este concepto? Claramente no voy a urgar en bibliografías ni leyendas, ya que no sólo no confío en nada que haya sido escrito por el hombre, sino que tampoco lo considero necesario. Sí voy a confirmar que tiene algunos siglos de historia y le otorgo dos orígenes posibles:
1 – El hombre notó que por medio de simples gestos amables podía obtener beneficios desmesurados por parte de las mujeres.
2 – El hombre creyó necesario asistir a la mujer en ciertas tareas en que no la consideraba totalmente apta. Ej.: abrir puertas, pagar cuentas, ensuciar su capa para cubrir un charco de agua, etc.

Tomaré en cuenta un tercer origen surgido de la intersección de ambas.

 

Ahora lo tenés que lavar... GIL

Pero contradiciéndome inmediatamente voy a exponer la que creo es la verdadera razón del surgimiento de la caballerosidad:

Fueron las propias mujeres quienes muy hábilmente infiltraron esta sarta de adornos, los cuales benefician únicamente a ellas mismas. El hombre promedio puede pensar que esto ya no importa porque al final del día obtienen su premio en la cama, pero créanme que esto no es así. Los agradecimientos en especie los brindan de todas formas, al fin y al cabo, a todos nos gusta lo mismo.

¿Pero qué ha pasado a lo largo de los años? Algo que me aterroriza… ya no son solamente las mujeres quienes impulsan este tema, los hombres, animales de costumbre si los hay, se obligan a sí mismos a comportarse de tal manera. Se atacan, se recriminan, se desvalorizan.

¿Una mujer no puede abrir la puerta del auto? Digamos que es un lindo gesto por parte del hombre hacerlo cada tanto por ella. ¿No sería un lindo gesto que ella también lo haga por él? Abran los ojos, está todo muy claro.

¿Y qué pasa si el hombre en la primera cita no cumple con estas reglas? La mujer al otro día comentará con su cómplice lo poco caballero que fue el tipo y este queda practicamente descartado.

O peor aún, supongamos que los primeros meses de relación el señor hacía “buena” letra y le abría siempre la puerta del auto, pero después se cansó de hacerlo. Ahí llegan los reclamos del estilo “ya no me querés como antes”. Es una obligación, ya quedó institucionalizado.

 

Le abr� la puerta, hoy la pongo

Hablar de machismo es irrelevante. O tal vez no tanto, ¿son las mujeres las machistas más empedernidas? No ahondaré en esa cuestión por ahora, es un tema bastante más amplio.

Afirmo entonces por medio de mi teoría que la caballerosidad fue instaurada no por los hombres, sino por el otro bando.

Afortunadamente no todas las mujeres se aprovechan de esta vulnerabilidad, todavía quedan algunas decentes. La lucha no está perdida, ¿algún día lograremos vencer al machismo femenino? Estén alertas, es el peor enemigo de nuestra dignidad.

Saludos,

El ermitaño.

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Como buen ermitaño que soy alguna vez estuve en contacto con la sociedad. Lo mío es una ermitañez adquirida y muy valorada por mí mismo. De mi estadía en la sociedad surgieron variados interrogantes que abarcan practicamente todos los aspectos de ese estilo de vida. Voy a plantear uno aquí mismo, para luego sacar mis propias conclusiones.

¿Cómo es posible que se haya inventado algo como las “buenas costumbres”? O mejor dicho, ¿cómo es posible que exista gente que las aplique en su vida?
¿Quién inventó en primer lugar la expresión “buen provecho” para cuando alguien está comiendo?
Tengo muchísimas preguntas y dudas con respecto a este tipo de frases.

Comenzaré por un cuestionamiento básico: ¿Qué son las “buenas costumbres”? ¿Cómo se llegó a determinar que decir “buen provecho” es bueno y omitirlo es lo contrario? ¿Quién lo determinó? Cuando alguien estornuda debemos correr a decirle “salud” sino seremos tildados de maleducados, más esto no ocurre cuando una persona tose, por dar un ejemplo. ¿Toser no se lo merece? ¿No aprobó el examen para ingresar al mundo de las buenas costumbres?

Como bien dije antes, tengo muchísimas preguntas aunque ninguna respuesta, al menos ninguna fundamentada. Es por eso que tendré que aplicar una vez más mi sano (e incuestionable) juicio.

Determinaré entonces que estas costumbres comenzaron a ser aplicadas por gente, en principio, necesitada de afecto. La lógica es simple: plantaron una serie de respuestas automáticas en su entorno social, con el fin principal de ser ellos mismos los receptores y así, no sentirse tan solos.
Por un lado tenemos a Joseph (los nombres son sólo ilustrativos, claro está), un pacato burgués que sufría de una serie de alergias imponente y ridícula a la vez; sólo voy a nombrar su alergia a los zapatos. Este señor tenía ataques de estornudos alarmantes, los cuales en ocasiones se prolongaban durante varios minutos. Cada vez que se encontraba en alguna reunión y sufría un ataque, debía retirarse para evacuar el producto de sus males sin aturdir al resto. Luego de años de quedar involuntariamente excluido de los mitines, ideó un plan indestructible. Esperaría a que alguien estornudara para acusarlo con un seco “salud”. Sin dudas que al principio la gente respondía con curiosidad, ya que no comprendían del todo que significaba aquello. Pero con perseverancia y sobre todo actitud, logró implantar en las costumbres de sus conocidos esta reacción. Así fue que a lo largo de los años cada vez más y más personas fueron adoptándola, al punto de llegar a ser algo robotizado, automático. De esta manera el ingenioso Joseph no sólo no volvió a perderse una sola reunión social, sino que además recibía cientos de deseos de salud durante las mismas. Se convirtió en alguien bastante popular, nunca jamás fue ignorado.

Mocoso y botón

Queda presentada entonces mi nueva teoría de la vida, la cual indica que los creadores de las “buenas costumbres” no eran más que simples seres cuyas vidas se veían en desventaja por algún motivo, y recurrieron a esta pantomima con el único fin de revertir dicha situación.

Piensenlón.

Saludos,
El ermitaño (ermi para los amigos)

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Antes de presentar mi primer teoría quiero realizar una aclaración vital para disipar contradicciones: si bien por definición soy un individuo que no se relaciona con la sociedad, he violado ciertas reglas para ir un paso más allá y adentrarme en la formulación de ciertos conceptos con datos palpables y experiencias propias. Dicho esto, paso a exponer lo que me llevó a escribir esta carta.

Les traigo aquí un tema, transformado en teoría, que me inquietó desde el primer momento. Tuve que realizar grandes esfuerzos (ayudados por grandes mentiras) pero finalmente logré posicionarme en varias empresas dedicadas al rubro “Sistemas”. Por el momento obviaré nombres ya que no son relevantes.
¿Qué quise demostrar? Pues algo muy frustrante: toda mujer que trabaja en Sistemas tiene novio / marido.

Se preguntarán como puedo realizar semejante afirmación; bueno… es una regla que confirmé y como toda regla tiene sus excepciones, las cuales explicaré a su debido momento.
Traigo aquí hechos y verdades: mis hechos y mis verdades.

Vieja dura

No requirió de una gran ciencia comprobar esta teoría, tan sólo un puñado de averiguaciones. Afirmo sin temor a equivocarme (y nadie podría refutarlo), que cada averiguación realizada llevó inexorablemente al mismo destino: una foto masculina, un anillo de bodas, un comentario contemplando las palabras “novio”, “marido”, etc., etc.
Confieso también que cuanto más cerca me hallaba de la verdad, mayor era mi decepción. Reconozco también que deseaba fallar en mi misión, más no fue así…

Tuve grandes sorpresas durante esta aventura. Sí que las tuve.
Era entendible que una gran mujer, dotada de grandes atributos de toda índole, tuviera un machito en casa. ¡Pero vamos! Esto también se daba en aquellos especímenes de la más baja calaña, ya sea por falta o abundancia de atributos. Y vaya que me enfrenté a verdaderas aberraciones, esto dicho claro con el mayor de los respetos. Mis ocasionales compañeros de aventura no me dejarían mentir, aunque como ya dije antes, no voy a dar nombres porque no es el sentido de este escrito exponer personas sino teorías.

Dije que había excepciones. Claro que sí, es una regla. Las excepciones estaban dadas por féminas que habían agotado su relación hacía no más de 1 mes. Pasado dicho tiempo volvían a estar ocupadas.

Tuve algunos detractores que afirmaban lo siguiente: no todas aquellas mujeres que afirman tener un chongo, lo tienen. Justificaban estas palabras alegando que lo hacían para no sentirse menos. Realmente no llego a comprender del todo esta estrategia, la cual ciertamente encuentro sin sentido. Y digo que no creo que esto pase pero incluso si así fuera, estas mujeres de todas formas entrarían en el universo de mi teoría, ya que el hecho de tener un hombre en sus camas no siempre es comprobable, más el efecto de afirmarlo es el mismo: decepción.

Repito nuevamente mi afirmación DLAV: toda mujer que trabaja en Sistemas tiene novio / marido.

Aquellos que puedan comprobarlo, háganlo. Aquellos que tengan datos que me contradigan, guárdenlos en ese lugar especial que esconden ahí atrás, justo debajo de sus calzones.

Los saluda sin tanto cariño,
El Ermitaño.

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