Como buen ermitaño que soy alguna vez estuve en contacto con la sociedad. Lo mío es una ermitañez adquirida y muy valorada por mí mismo. De mi estadía en la sociedad surgieron variados interrogantes que abarcan practicamente todos los aspectos de ese estilo de vida. Voy a plantear uno aquí mismo, para luego sacar mis propias conclusiones.

¿Cómo es posible que se haya inventado algo como las “buenas costumbres”? O mejor dicho, ¿cómo es posible que exista gente que las aplique en su vida?
¿Quién inventó en primer lugar la expresión “buen provecho” para cuando alguien está comiendo?
Tengo muchísimas preguntas y dudas con respecto a este tipo de frases.

Comenzaré por un cuestionamiento básico: ¿Qué son las “buenas costumbres”? ¿Cómo se llegó a determinar que decir “buen provecho” es bueno y omitirlo es lo contrario? ¿Quién lo determinó? Cuando alguien estornuda debemos correr a decirle “salud” sino seremos tildados de maleducados, más esto no ocurre cuando una persona tose, por dar un ejemplo. ¿Toser no se lo merece? ¿No aprobó el examen para ingresar al mundo de las buenas costumbres?

Como bien dije antes, tengo muchísimas preguntas aunque ninguna respuesta, al menos ninguna fundamentada. Es por eso que tendré que aplicar una vez más mi sano (e incuestionable) juicio.

Determinaré entonces que estas costumbres comenzaron a ser aplicadas por gente, en principio, necesitada de afecto. La lógica es simple: plantaron una serie de respuestas automáticas en su entorno social, con el fin principal de ser ellos mismos los receptores y así, no sentirse tan solos.
Por un lado tenemos a Joseph (los nombres son sólo ilustrativos, claro está), un pacato burgués que sufría de una serie de alergias imponente y ridícula a la vez; sólo voy a nombrar su alergia a los zapatos. Este señor tenía ataques de estornudos alarmantes, los cuales en ocasiones se prolongaban durante varios minutos. Cada vez que se encontraba en alguna reunión y sufría un ataque, debía retirarse para evacuar el producto de sus males sin aturdir al resto. Luego de años de quedar involuntariamente excluido de los mitines, ideó un plan indestructible. Esperaría a que alguien estornudara para acusarlo con un seco “salud”. Sin dudas que al principio la gente respondía con curiosidad, ya que no comprendían del todo que significaba aquello. Pero con perseverancia y sobre todo actitud, logró implantar en las costumbres de sus conocidos esta reacción. Así fue que a lo largo de los años cada vez más y más personas fueron adoptándola, al punto de llegar a ser algo robotizado, automático. De esta manera el ingenioso Joseph no sólo no volvió a perderse una sola reunión social, sino que además recibía cientos de deseos de salud durante las mismas. Se convirtió en alguien bastante popular, nunca jamás fue ignorado.

Mocoso y botón

Queda presentada entonces mi nueva teoría de la vida, la cual indica que los creadores de las “buenas costumbres” no eran más que simples seres cuyas vidas se veían en desventaja por algún motivo, y recurrieron a esta pantomima con el único fin de revertir dicha situación.

Piensenlón.

Saludos,
El ermitaño (ermi para los amigos)

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