No me ha tocado a mi, pero he escuchado tantas veces este tema, que no puedo dejar de hacer una teoría sobre el mismo.

Veámoslo con un ejemplo: Una bella damisela cuenta con un príncipe azul (malo, muy malo), pero este (el príncipe) no tiene algunas capacidades que nuestro honesto herrero posee (el bueno). El herrero desea con mucho ahinco tener algo con la damisela, pero ella, al tener un príncipe azul, no responde a sus deseos.

Utilizando su encanto, la damisela le pide al herrero que le haga una nueva armadura a su novio, lo que el herrero hace gustoso pensando que si complace a la damisela, ella, en un futuro cuando deje a su principe, lo recordará y complacerá.

¿Error? ¿Debe cumplir el herrero con este pedido?

Pensando que cuando el príncipe azul salga victorioso de su batalla gracias a la armadura, la que estará allí para “felicitarlo” será la bella damisela, uno podría decir que no, que el herrero no debería hacer este tipo de favores.

Pero si no lo hace, ¿no se estará cerrando definitivamente una puerta? Aparte, ¿a partir de que cantidad de favores el herrero pasará, a los ojos de la damisela, a convertirse en material no-sexual?

Herrero sos groso igual

La teoría es que SI, que se deben hacer estos favores, que es mejor dejar una puerta abierta que tapiar todas las puertas y ventanas por ser ortivas celosos.

Pero como lograr que, una vez terminada la relación del príncipe azul y la bella damisela, esta comience a notar la presencia del herrero, no sólo como un amigo que está para contarle secretos o escuchar sus sollozos sino también como alguien que satisfaga todas las necesidades carnales de la bella damisela es otro tema.

Y aquí, mis queridos amigos, no podré, por el momento, darles una teoría al respecto, puesto que el sabio jamás opina sin fundamentos.

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