Por mail, por teléfono e incluso en la calle mucha gente me hace saber que están contentos con el rumbo que esta tomando el Blog, sin embargo hay una critica que casi unánime, “estamos cansados de denuncias a Ginobili, a Ayala, a Federer, a Pau Gasol, metete con gente, con temas realmente importantes, no tengas miedo”. Pueden que tengan razón, a veces nos dejamos llevar por la coyuntura, por el día a día, por la actualidad y no nos preocupamos por los temas que realmente nos afectan, por los temas universales.

Hoy voy a hablar de un tema que es muy grave, los juguetes. La persona forja su carácter en los primeros años de sus vidas, y ahí están los juguetes, los televisores y en menor medida las niñeras y los padres para encarrilarnos o pervertirnos. Para transformarnos en los líderes del futuro o en los delicuentes de hoy. Para otorgarnos el cetro y el bastón de mando o el aguantadero y el pasamontaña.

Pero no voy a hablar de Los juguetes en general, voy a hablar de un juguete en particular: Los Playmobils.

Son Todos Yutas

 

Los Playmobil seguramente me darán material para más de un post. Hoy voy a empezar por denunciar algo escabroso.

Pero empecemos por el principio. ¿Quienes eran los Playmobiles? Los Playmobiles eran muñequitos, nada moviles por cierto, más bien rígidos.

La mayoría de los playmoviles eran iguales, en altura, en cara, en facciones, en corte de pelo.

La mayoría eran hombres, hombres blancos, rubios o morochos, pero blancos, caucásicos.

Todos parecían cortados por la misma horma. Todos parecían ser parte de un proyecto de ingeniería social.

Había mujeres, pero eran pocas y se dedicaban a tareas tradicionales, había enfermeras, maestras y la mayoría eran madres. Todas llevaban polleras, jamás pantalones y nunca se inmiscuían en el universo masculino.

La presencia de negros (Afroamericanos) era mínima y se dedicaban a tareas menores, serviles. Generalmente a la limpieza. Los grumetes del Barco Pirata, los encargados del Circo. Nunca iban a ser los héroes de la nave espacial, los capitanes de los ejércitos, nunca.

No había latinos, ni musulmanes, ni judíos, ni gays, sí había indios, pero estaban caricaturizados, eran ¿por qué no decirlo?, medio maricones. Les gustaba ponerse plumas y pintarse, como si fueran Vedettes de la calle Corrientes o Prostitutas de Moulin Rouge.

¿Seguimos o ya se dieron cuenta?

¿Dónde fueron creados los Playmobil? En Alemania.

¿Y cuándo fueron creados? Bueno, todos sabemos que se puede determinar la fecha de un Playmobil mirándole el pie. Ahí dice cuando fue fabricado el mismo. Según mi investigación, de la cual es testigo y editor Rolando Graña, los Playmobils más viejos datan de 1945.

Reflexionemos un poco, pensemos, articulemos. 1945, ¿Qué pasaba en Alemania? Era el fin de la Segunda Guerra Mundial, El Tercer Reich se resquebrajaba.

¿Y entonces? Bueno, acá viene mi teoría, Los Playmobils fueron el último intento Nazi por perpetuar su repugnante ideología por el mundo.

Piénsenlo. Todo cierra. ¿Es más? Agrego un dato adicional ¿Cuál es el ÚNICO movimiento que pueden realizar los Playmobils con sus rígidos brazos? El Heil Hitler. Sólo pueden hacer eso, nada más.

Todo cierra. Hasta el éxito que tuvieron los Playmobils en Argentina. Argentina fue uno de los primeros países que fabricó los Plays. Perón cedió unas fábricas en La Rioja y toneladas de publicidad por una cantidad importante de Oro Nazi. Cuando el Mossad se dio cuenta ya era demasiado tarde.

Un libro de primer grado editado en 1948 dice textualmente “Evita me ama, Perón me cuida y Los Playmobils son mis mejores amigos”.

La secretaria de Hitler en su auto biografía cuenta que en sus últimos días El Führer se obsesionó con la fabricación y distribución de unos muñecos pequeños e incluso dice que antes de morir se ocupó de darle en la mano los planos a Goering.

Hubo presiones. En las trascripciones del juicio de Nuremberg la palabra Playmobil o Play fue quitada por gestiones que realizó Antex.

Espero que me crean y espero que me ayuden a terminar con esto.

Necesitamos erradicar los Playmobil para hacer un mundo más justo, donde podamos mirar a nuestros hijos a la cara, donde no nos falten el respeto.

Saludos.

El Beduino.

 

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