En mi cabeza comenzó a repercutir una encuesta que realizó el diario del clarinete hace unos cuantos días ya, sobre un tema particularmente escabroso para mí. La contienda se intitulaba “Si pudiera vivir sin trabajar, ¿lo haría?”.Contrariamente a lo que daba por sentado, los resultados de la encuesta conluyeron de la siguiente manera:

La locura

Quedé anodado al comprobar que una gran porción de la sociedad seguiría con el mal hábito. Me resulta inaudito esto, rozando lo ridículo, sobre todo debido a mi condición de tan amplia libertad. Seguí pensándolo y repensándolo al menos para obtener una teoría al respecto, a la cual finalmente logré acceder luego de largos días de filosofía e investigación.

Esta teoría no es divertida pero la consideré necesaria por diversos motivos. Uno de ellos es mi desprecio hacia sus modos de vida.

Vuelvo a utilizar la frase “animal de costumbre”, nunca mejor usada. Y sí que lo son.

En mis investigaciones he escuchado frases disparatadas del tamaño de:

  • “el trabajo es dignidad”
  • “amo mi trabajo”
  • “si no hago nada me vuelvo loco” (¿?)
  • “no podría estar sin trabajar”
  • “si trabajo ahora a los 80 voy a poder disfrutar de la vida”
  • etc. + 3

Continué reanimando al sector de mis neuronas que aún se encontraba en estado de shock. Fue necesaro que mi visión outsider se vuelva a nublar y mi ceño redibuje su gesto típico del agotamiento y la rutina, para lograr un acercamiento al perfil del integrante común de la sociedad.

¿Cómo alguien podía, de no tener la necesidad, elegir someterse a las leyes del horario, etiqueta, obligaciones, malas compañías y repetición incesante, impuestas por otro ser tan común como él mismo? ¿Bajo qué frase hecha se amparaba? ¿Existe un derecho a ser castigado por elección propia? ¿Tan alto es el porcentaje de incidencia del masoquismo en la gente?

El paraiso DLAV

Es una tarea extremadamente ardua, agotadora y en vano luchar contra los paradigmas sociales. Una batalla perdida. Es por eso que no lo voy a hacer, al menos no por el momento. Nada más expondré mis conclusiones que inmediatamente se transformarán en verdades, estén o no de acuerdo.

Esas personas que eligieron trabajar aún sin tener necesidad de ello, se ahogan en el miedo de abandonar su costumbre de toda la vida, la cual se transformó en una especie de religión a la que no quieren defraudar, para no sentir que fracasaron o malgastaron su vida en algo que no vale la pena.

¿Acaso no tienen otra cosa que hacer en la vida que no tenga que ver con el trabajo? ¿No disfrutan caminar sin rumbo, comer waffles, divisar objetos voladores no identificados, patear piedras? Prefieren perder el tiempo haciendo lo que otros les indican…

Supongamos que yo disfruto contando los granitos de arena de las playas argentinas y lo hago cada tanto. Si una multinacional me contratara para tal fin y me dictara “todos los días de 9 a 18hs usted debe contar granitos de arena vestido de cangrejo manco”, tal vez lo goce por un tiempo, más probablemente terminaría detestándolo, comiendo cangrejos compulsivamente y asesinando uno por uno a mis jefes.*

Si algo les gusta, ¿por qué imponerle marcos de acción?

Por un lado están los hobbies y las pasiones, y por otro las obligaciones. Yo elegí los primeros y aquí estoy, no quise resignar mi vida a una oficina.

La ermitañez me sienta bien, a la sociedad no la comprendo.

 

Saludos,
El ermitaño indignadísimo.

*esto de ninguna manera hace apología del jefecidio, es sólo una situación extremadamente hipotética (aunque bastante probable).

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