A veces pienso que el mundo estaría mejor sin cierta gente.
“Por supuesto” me dirán ustedes “Sin Videla, sin Firmenich, Sin Astiz, sin Manú Ginobili”.

El Beduino ¿de la muerte? ¿Nos Saluda?

En realidad no me refiero a gente famosa, sino a anónimos, gente que no conocemos, gente que no nos conoce.

“Ah, los que no pagan impuestos, los que abusan de sus hijos, de sus esposas”
No, tampoco. Esos son comportamientos perniciosos para con la sociedad, pero groseros, fácilmente detectables.

Yo me refiero a personas mucho más sutiles, que nos hacen daño sin darse cuenta y sin que nos demos cuenta.

A veces me sale el facista de adentro y quiero encerrarlos, aislarlos, fusilarlos o festejo sus muertes, como Edu Feiman, mientras digo “Uno menos”.

Igual ese no soy yo, pero me dan tanta bronca que no puedo evitarlo.

Hay varios tipos de personas que no soporto y que creo que le hacen mal a la sociedad. Hoy voy a hablar de uno en particular.

Esta gente, en general cholula, en general amas de casa o adolecentes, suele concurrir seguido a los programas televisivos. No tienen nada que hacer, son perezosos. Son el famoso público, personas que vemos formar parte de una masa, pero que no reconocemos, personas que quiere salir en cámara, al menos un segundo, creyendo que así garantizan su inmortalidad y la envidia de su barrio.

Esta gente a veces tiene la suerte de atraer la atención del conductor o notero de turno y entonces aprovecha para, interrumpiendo un mensaje destinado a millones de personas, pedir algo que le importa sólo a ellos, “Un saludo”.
“Un saludo a mi novia”, “Un saludo a mi tía”, “Un saludo a mi vieja”. En general un saludo a personas que ven y saludan todos los días. Personas a la que le pueden enviar un mail o un mensaje de texto, personas que muchas veces están “en la tribuna” a 15, 10, 5 metros, personas que en definitiva pueden saludar sin molestar al resto de la humanidad que estaba viendo el programa tranquila.

Pero ni siquiera voy a criticar a todos los que piden saludos.

Sólo odio con toda mi alma a esos que, luego de solicitar el saludo, dicen la frase “Un saludos para todos los que me conocen”.

No te conozco Palito!!!

Ahí si me enojo con cada fibra de mi cuerpo.

Esta gente es histérica. ¿Querés o no querés mandar el saludo? Y si querés, ¿por qué después lo malgastas mandándoselo a todos, que es como no mandárselo a ninguno?

Esta gente tiene poco compromiso. “En realidad le quiero mandar el saludo a mi tío pero se va a enojar mi novia, mejor uso el comodín así nadie se queja”.
Esta gente no puede tomar la más mínima decisión. No puede decidir ni siquiera a quien mandarle un saludo. Son personas que si le damos la tarea más trivial del mundo no van a poder con ella. Si en el asado le decimos “vos encargate del pan”, irá a la panadería y ante la pregunta del panadero “¿qué tipo de pan querés?”, no sabrá que responder y se pondrá nervioso y finalmente susurarrá “dame todos los panes, todos los panes que conozcas”. Y terminaremos comiendo el choripan en pan lactal o lo que es peor, pan lactal negro diet.

Creo que ante la frase “Un saludo para todos los que me conocen” la justicia, la policía, la sociedad tendría que actuar.

Deberíamos encerrar a esta gente perezosa, egoísta, histérica, poco comprometida e irresoluta en algún lugar, nos hacen mucho daño a TODOS.

Podría ser la isla Martín García.
Podría ser otro país como el Chaco.

Piénsenlo.

Un Saludo.
El Beduino.

PD: ¿Quién inventó esto de “Un saludo para todos los que me conocen? Lamentablemente no lo conocemos, ni siquiera de saludarlo. Sino le enviaríamos una tarjeta, un saludo, TODOS (Los que lo conocemos) en un sobre con un poquito de ANTRAX.