Como varios de los que estamos por aquí, tuve la suerte de terminar una carrera universitaria. Y, no importa la carrera que haya sido, hablando con mucha gente he recopilado opiniones y sensaciones que, me atrevería a decir, se cumplen en casi todas las carreras universitarias.

He aquí un compilado de situaciones que seguramente han sucedido en más de una vida universitaria.

1) La inscripción: El momento en que uno termina de decidir en que balde lleno de excrementos va a meter el pie. Es como que nos ofrecen una picana, un látigo o cera caliente y nosotros decidimos con cual nos van a torturar.

Es lo mismo, pero en version enciclopedia

Encima, los cursos siempre están llenos, incluso si sos el primero en la fila, por alguna misteriosa coincidencia, el curso al que te vas a anotar no tiene vacantes. A uno lo terminan anotando en horarios como de 14 a 18 o de 20 a 24 en sedes en lugares tenebrosos y lúgubres en donde no recomiendan circular luego de las 18 horas.

Mas o menos como mi facultad

Generalmente uno tiene entre 18 y 19 años y está alzadísimo, por lo que se pasa el día de la inscripción entero mirando las mujercitas de 18 o 19 años que pasean por ahí, solo para enterarse después de que en la carrera que eligió hay solo una, es mecánica en Devoto y le dicen “Cacho”.

2) Las materias filtro: Llega el primer día de clases, uno va como si fuera el secundario casi, todo contento, con carpetas nuevas y un largo número de expectativas, y lo primero que dice el torturador de turno es algo así como “de este curso solo va a aprobar el 10% porque se me cantó en el callo del dedo chiquito del pie izquierdo”. Buenísimo, excelente forma de empezar una nueva etapa.

Casi tan lindo como mi profesora de Analisis

3) El primer bochazo: Llegó el primer parcial, uno se mató estudiando. Pero en serio, no había estudiado tanto ni siquiera juntando los 5 años del secundario. Tremendamente confiado se sienta y recibe una hoja escrita en algo que parece sánscrito antiguo. Empleando sus mayores dotes de traductor de lenguas muertas, logra responder 3 de los 4 enunciados, relativamente bien.

Varias semanas después, la nota: 2. Y en casa, la reacción de la familia: “Vas a tener que estudiar más”, “Te dije que no era como el secundario”. Primer momento, en 5 años, en donde uno tiene reales deseos de asesinar a la familia.

Mas de una familia merece un hijo asi

4) El afianzamiento: Después de haber estado un tiempo tambaleando, uno logra afianzarse. Le empiezan a salir bien las cosas, aprueba (cagando, pero aprueba) y pasa a segundo año. El profesor de la primer materia de segundo año se muestra bastante más amable que el del primer día. Uno empieza a subir su promedio.

Tanto que llega el día en que uno se presenta a un final habiendo estudiado el mismo día y se saca un 7. Feliz, uno lo cuenta en la casa. La reacción: “Si no estudiaste nada, ¿Cuánto pagaste?”. Los deseos de asesinar a la familia se incrementan.

5) El estancamiento: Las malditas correlativas te impiden avanzar. Cursás una o dos materias por año. La gente te pregunta “¿En qué año estás?”, “¿Terminaste ya?”, “¿Todavía estás cursando esa carrera?”. A uno le dan ganas de seguir asesinando gente. Seamos sinceros, si hubiese terminado la carrera hasta El Papa se habría enterado.

6) El último año, la tesis: Uno está ahí, la mente se debate entre las ganas de terminar y las ganas de no hacer nada. Hay momentos de mucha acción en los cuales uno se pone todas las pilas para terminar y otros momentos en los cuales desea no hacer nada, porque le dijeron que ya el último año siempre es cuesta abajo y relativamente fácil.

Los profesores se vuelven más simpáticos, pero con una sonrisa maliciosa te dan tantos trabajos prácticos que uno, entre trabajo y facultad, cesa de tener vida social por un tiempo.

7) El final: Uno llega a Diciembre y da 3 o 4 finales en una semana. Lo que sea por terminar. Evalúa sobornos, machetes y amenazas de muerte para los últimos profesores. Al final, termina eligiendo estudiar. Se deja materias fáciles pero siempre se cola una completamente desquiciada que uno vino pateando desde hace tiempo y no se acuerda de que va.

En un ataque cuasi milagroso de sabiduría momentánea, en una semana aprueba 5 exámenes, varios con buenas notas, y llega el momento del último. Todos los nervios, uno no se acuerda ni que poner en el casillero que dice “Nombre:”. Al final, deja que el inconsciente haga el exámen y entrega la hoja temblando más que un lavarropa viejo.

Nervios de acero…

Le dicen que espere una cierta cantidad de minutos/días/horas que a los ojos de la desesperación parecen años/siglos/eras. Sale el ayudante a dar las notas y te comunica con una sonrisa maliciosa: 2. El mundo se cae a tu alrededor, comienzan a aparecer todas las posibilidades de soborno y amenaza como realmente factibles hasta que la sonrisa del ayudante vuelve a surgir y te dice: “jajaja, no, aprobaste, felicitaciones ingeniero/abogado/doctor/licenciado/lo que sea“.

Las posibilidades de asesinar a esa persona en ese momento trepan al 99,9%. La parte que todavía está consciente decide no hacerlo dado que si no, no te entregan el título.

Un grito de desahogo inunda la facultad al punto de que muchos inician una desenfrenada escapatoria pensando que hay un Alien suelto en el edificio.

SEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE

8) El delirio: Uno sale por la puerta de enfrente en un estado de excitación total, abraza al portero, al cuidacoches, al hermano, al padre, al policía, a la novia, a la ex, al actual de la ex, al chino del supermercado; no le importa si le tiran con huevos, harina, Coca Cola, estiércol, vinagre o aceite de motor. No le importa nada.

Antes q tirar harina y huevos hagan una torta

Esa noche con suerte logra pegar un ojo a las 6 de la mañana. A las 7 u 8 se levanta para ir a trabajar, increíblemente, de buen humor. Mágicamente se pesa en la balanza y descubre que adelgazó 4 kilos en un día. Tiene más pelo, se fueron las ojeras, algo parecido a una sonrisa se dibuja en su cara y la comida sabe mejor.

Ahí aparece la familia, ese mismo día, luego de todo el esfuerzo que uno puso para poder terminar y de las ganas que tiene de tener aunque más no sea 5 minutos de tiempo libre: “Me imagino que no te vas a quedar haciendo huevo todo el día ¿no? ¿Cuándo vas a empezar con la otra carrera/master/posgrado?”

El Sabio se retira, lamentablemente, las ganas de asesinar a la familia siempre vuelven.

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