Se acercan las elecciones porteñas, se elige intendente de la ciudad de Buenos Aires. Es un momento importante para mucha gente, la cual espera que esta sea la oportunidad que siempre buscaron de poder estar unos añitos con el poder y salvarse de aca a la eternidad.

Aprovechemos a llevarnos lo que podemos

También es el momento en que uno va por la calle y ve las nefastas campañas políticas. Una sucesión de afiches de un candidato, pegados al lado (o especialmente arriba) de afiches de otro candidato, candidatos hablando por televisión, mientras en otro canal habla otro candidato (o a veces el mismo candidato) y todo tipo de estratagemas similares para intentar convencer a la gente de que necesitan el poder para construir una nueva quintita.

Proselitismo politico, figurar, todo eso

Pero más alla de todo esto, es el momento en el que más se manifiesta un impresionante fenómeno de la realidad argentina, también mundial, pero que aquí se potencia en demasía… paso a explicar.

Estamos acalorados en una discusión con unos amigos acerca de la mortalidad del cangrejo rosado en las costas occidentales de Birmania. El sujeto A alega algo, lo cual es cierto y de conocimiento común. El sujeto B quiere tener una respuesta, entonces responde: “¡NO! Lo que pasa es que…”

Siempre, siempre va a surgir ese ¡NO! Es como que lo tenemos incorporado… sí, sí, los argentinos generalmente somos maestros del milenario arte de llevar la contra.

El contra, tipico personaje argentino

Porque la otra persona no tenga razón, porque la tenga pero no nos gusta, por deporte, por cualquier cosa, siempre llevamos la contra.

Y en las elecciones esto es algo que se nota… El partido obrero saca fotos de Macri en vacaciones, otros sacan una foto de que Macri es el señor Burns, otros sacan fotos atacando a Telerman, otros diciendo que a Filmus no lo conoce nadie… CQC le lleva la contra a todos… todos se llevan la contra.

Seguro que si uno propone agregar más policía, el otro va a decir que no se necesitan más, que hay que mejorar lo que está. No está mal que tengan puntos de vista distintos, pero ¿siempre? ¿y en todo?

Y es correcto, en este caso, dado que son rivales… ¿pero no sería un poco más productivo que en lugar de atacar y llevarle la contra al rival de turno intentáramos diferenciarnos por nuestras virtudes?

Digo, pregunto nada más… como para llevar la contra de lo que hacen estos tipos.

Subite si te dejo

El caso creo que más emblemático es el de los “trabajadores” (y lo pongo entre comillas porque ya estoy empezando a dudar de si lo son) del subte. Se llevan la contra entre ellos mismos. Uno sale a desmentir que ganan 4000 pesos y el otro sale a decir que “son unos buchones en decir cuanto ganamos, ponen en riesgo nuestra integridad, nos van a querer secuestrar”. ¿En qué quedamos?

Por culpa de unos pocos, a muchos se les jode la vida

Encima seguro que en una discusión va a saltar el que quiere tener razón defendiendo a los del subte y también el que les quiere tirar una molotov porque cobra 1500 pesos y ya perdió el plus de presentismo de este mes por culpa de unos tipos que no se contentan con lo que ganan. Y después uno va a decir que trabajo insalubre es pasarse 8 o 10 horas sentado enfrente de una computadora en un sótano con una paupérrima ventilación… y también va a querer tener razón.

Nada de futbol, aguante el pato

Llevar la contra es un deporte argentino, casi tanto como el pato y el asado. Siempre queremos tener razón, siempre queremos ganar la discusión, siempre queremos que nuestra verdad sea LA verdad… y para eso, nada mejor que llevar la contra a todos.

Gente, dense cuenta que en cierto punto todos tenemos algo de razón. Cada uno tiene sus razones. Por supuesto que está comprometida la integridad de los trabajadores del subte (más de uno ya los quiso trompear), por supuesto que es insalubre trabajar 10 horas sentado en un sótano, por supuesto que también la gente tiene derecho a reclamar un mejor salario.

El Sabio se despide citando a un tipo que quería que dejáramos de llevarnos la contra: “Can’t we all get along?” (Martin Luther King)

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