Cuando hay mujeres, a veces, pocas veces, hay sexo, y cuando hay sexo hay que hablar. No solo durante el sexo hay que hablar (¡No se queden calladas por Dios!), sino después. Uno no se puede quedar callado, pensando, porque sino uno va a pensar que la chica va a pensar que uno está pensando. E inmediatamente, cuando se piensa eso, uno escucha la insoportable voz que siempre acompaña la pregunta “¿En que estás pensando?”.

Ni nosotros sabemos en que estamos pensando

La voz es insoportable, porque la pregunta es insoportable, porque generalmente uno no puede contestarla. Uno no puede decir en que estaba pensando o no estaba pensando en nada, en nada productivo, porque siempre se está pensando en algo, ¿O no? Piensenlo.

Uno tiene entonces que pensar algo rápido que decir, para que este tema de los pensamientos no destruyan el amor y/o el sexo o al menos hasta esperar a que llegue el remise.

Lo bueno es que cuando uno termina de hacer el amor se puede hablar lento, prolongar las oraciones y decir cosas sin sentido. Nadie se da cuenta. Es como estar grabando uno de esos discos de varios CDs de Calamaro.

Vuelvan, los extrañamos!

Se puede decir básicamente cualquier cosa, si mientras tanto uno acaricia a la chica en cuestión, con una de esas caricias que les gustan a ellas. La mujer va a entender la caricia, por más que uno diga la barbaridad más grande, que ahora prefiero omitir por cuestiones de pudor.

Me da verguenza che!

En definitiva los hombres nos vemos presionados a hablar. Las mujeres siguen jugando de contra. Estuvimos presionados para pedirles el teléfono, para invitarlas a salir, para llevarlas a un lugar lindo, para intentar concretar, para tener una performance más o menos decente y ahora también para hablar después. ¡Chicas, hagan algo!

En fin. Uno de los temas de los que más nos gustan hablar a los hombres es de nosotros. Somos narcisistas (¿Las mujeres no?)

Pitufo 5 del Madrid

Muchos, los a mi entender más tontos, lo primero que hacen es preguntar “¿Estuve bien?”. Más allá de que la pregunta está mal formulada porque es desconsiderada, porque al hombre solo le importa si él “estuvo bien” y no si la mujer la pasó bien (¿Que es lo importante?) es una pregunta tonta porque no sé puede contestar y si se puede contestar el 95% de las veces termina abriendo una caja de Pandora muy peligrosa.

Si la mujer no la paso bien, ¿Lo va a decir?, y si lo dice ¿Estamos preparados para escucharlo sin pensar “Yo estuve bien, lo que pasa es que está mina es frígida o lesbiana. Callate TORTILLERA!”?

Traeme tortillas con lengua

Algo igualmente probable, si la mujer intenta no mentir, es que diga: “Vos estuviste bien, …pero…” Y detrás del “pero” vendrán miles de historias, situaciones, problemas, que ni nos imaginamos que la raza humana podía tener. Uno se va a sentir como un explorador del Amazonas, que luego de 2 o 3 machetazos se perdió en la selva para descubrir miles de especies nuevas, casi todas asesinas.

Otra cosa que puede preguntar el hombre, que yo pregunto, porque me intriga, es “¿Por qué me diste bola?”.

No digo que es una pregunta inteligente, pero es ir un poco más lejos, a la Génesis. Dejar de preocuparse por si en la cocina arruinamos uno o dos pescados, para pasar a ver como podemos afinar la carnada, situar el mediomundo.

Como te gustan los Bagres y las Taralilas.

Y es aquí donde surge mi teoría. Con la respuesta que yo obtuve de esas mujeres que me dieron bola, que se acostaron conmigo. Esas mujeres que no son tantas y aprovecho a saludar, y porque no a agradecer, desde está página.

Las mujeres casi en su totalidad, me miraron, y mientras intentaban esconder su sonrisa me dijeron “Es que sos un personaje”.

Uno va al gimnasio, aprende 3 idiomas, se recibe de algo, tiene un lindo corte de pelo (procura no parecer un Mambrú, pero tampoco un Skinhead) y puede negar bajo tortura que compra la revista Maxim y sin embargo las mujeres salen con uno SOLO porque “es un personaje”.

Imagenes de Sexo imnecesarias, pero efectivas

Uno hace TODO lo que dice Dolina (para mi Bukowski) y sin embargo ellas ni siquiera lo ponen en la balanza y se quedan con este detalle insignificante.

Yo no me enojo, porque me cuesta enojarme y además no es bueno enojarse cuando uno está desnudo, a no ser que se este actuando, pero la mayoría de la gente que conozco se sentiría ofendida si le dijeran que es un personaje. Lo sé, porque hay gente, no estas chicas, que me lo dice intentando que me ofenda, sin lograrlo.

La gente quiere ser gente, gente común, peor o mejor, si se puede con más plata, pero común.

Asi serian las personas comunes

Mi teoría es la siguiente: Ser un personaje puede ser bueno, sobretodo con las chicas.

Lo primero que tiene que saber uno si quiere probar esto, si quiere ser “un personaje”, si quiere elegir “un personaje”, es que a la mayoría de las chicas no les va a gustar. “¡¡¡¿Cómo?!!!, entonces no conviene”. Escuchen…

A la mayoría de los chicas les gustan los chicos comunes, pero también la mayoría de los chicos son comunes, “No personajes”. Uno pelea por un mercado más grande, pero con más competidores.

Pensemos en cambio en “un personaje”, en “el rasta” por ejemplo. La mayoría de las chicas le tienen rechazo.

Chicas, lo margino el futbol, no lo marginen ustedes

“Es sucio”, “se droga”, “es un vago”, “en el pelo tiene un nido de carpinchos”. Pero siempre, SIEMPRE, va a existir un pequeño porcentaje de chicas, 5, 10, 20%, a las que le guste “el personaje”. Y lo más probable es que haya 1 o lo sumo 2 rastas. No hay competencia.

Vayan a un boliche, caminen por la calle, “el personaje” gana seguro. Hay muchos: el que sabe bailar, el hippie, el músico, el surfista en verano, el snowboarder en invierno, el falso brasilero (y cualquier falso extranjero o real, pero este es el más típico).

No es cuestión de plata, ni de edad, ni de belleza. Claro que estas cosas ayudan, pero entiéndanlo “el personaje” SIEMPRE gana.

El que está solo es el pobre tipo común, que entiende poco de matemática y por querer quedar bien con todas, con Dios y con el Diablo, padece el purgatorio eterno de Fashion TV y Bailando por un sueño edición caño.

Cantando por un caño

“El personaje” tiene otra cosa a su favor y es el factor de OPORTUNIDAD. Si la mujer conoce una noche a alguien de las Guayanas Holandesas (¿Existe ese país?) no va a querer dejarlo pasar, porque no sabe si el día de mañana la oportunidad va a volver a tocar a su puerta.

Argentinos de estatura media, jeans, zapatillas, remera y pelo corto hay en todos lados. Buenos pibes ojo, pero ya cansan. Se los puede dejar correr como granos de arena por la palma de la mano.

En definitiva, elijan un personaje. Cualquiera. Puede ser el del superdotado, pero también puede ser el que tiene el pene corto.

Siempre alguien se los come

No subestimen la curiosidad de las mujeres, que más que curiosidad es chusmerío, porque curiosidad fue lo de Newton cuando vio caer la manzana y lo convirtió en algo positivo.

Las mujeres pensarán “Tiene el pene MUY corto, nunca lo hice con alguien así, ¿Qué se sentirá? Y… yo pruebo… lo peor que me puede pasar es que no sienta nada. Además pobre!”.

Ojo, no digo que todas piensen así, pero con que haya 2 o 3 y alguna esté buena, ya está. Ustedes van a ser los únicos con el pene corto.

Si ya sé, uno se transformará inmediatamente en el hazmerreir de la oficina. Pero que prefieren ser, ¿El hazmerreir que se coge a la secretaria del director o el tipo común con el pene de tamaño standard que se burla de ustedes y se descarga en el baño porque tiene las bolas azules?

Me tienen las bolas por el piso

En definitiva, no sean comunes. Acá en Argentina el hombre común votó a Menem, a Alfonsin, apoyó el Proceso, la Guerra de Malvinas, escucha Radio 10 y ve a Tinelli. Encima coge poco y mal, ¡¡¡trabaja 14 hs por día!!!, tiene 2, 3 hijos y se muere de un infarto a los 67 años (las mujeres después).

Es mi consejo. Tómenlo o déjenlo. Yo antes probaría.

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