Una de las primeras cosas que demostró la física cuántica es que es imposible estudiar algo sin desvirtuarlo. El problema es que para estudiar una cosa hay que iluminarla e iluminar es invadir a ese elemento con millones de paquetes de energía, quantos, que cambian su forma y su comportamiento.

No pudo explicar TODO

Algo parecido pasa con las mujeres. Ellas afirman que nos conocen “tal como somos”, pero cuando estamos con ellas ya no somos “tal como somos”, empezamos a comportarnos de manera extraña, a actuar como “personas”, a verter los brebajes que ocupan nuestra heladera en VASOS antes de beberlos, a mirar películas de Meg Ryan, a despertarnos el domingo a la mañana para ver a la abuela de alguien en vez de al Manchester United.

Que Lindo es ver a Tevez (?)

A mí en el trabajo me pasa al revés. Cuando por H o por B todo se desvirtúa, cuando las jerarquías no funcionan, cuando hay mal clima y hasta violencia, cuando nadie sabe que hacer, yo comienzo con mis estudios. Mis estudios al mismo tiempo desvirtúan, lo que genera un circulo vicioso que termina tarde o temprano con mi despido y/o la quiebra de la organización.

Mis estudios desvirtúan entendiendo por desvirtuar, introducir caos, elementos ajenos a la realidad, surreales, surrealismo.

Surrealismo del bueno

La diferencia con el surrealismo tradicional, el cual no termino de apreciar del todo, es que aquí no hay un escenario surrealista sino solo 1 o 2 elementos, que desvirtúan y descolocan.

Me encanta desvirtuar, ver como el resto de la gente se ahoga en lo irreal y busca referencias, aferrarse al borde de la pileta, a lo que conocen.

Hace tiempo uno de mis tareas es escribir Memos. Si jugaron al Monkey Island o vieron Jerry Maguire saben lo que es un Memo. No se confundan con ese pescadito Gay de Disney al que el padre busca, para que vuelva a casa y ponga una cadena de peluquerías o de casas de ropa y lo salve económicamente, ya que no iba a ser jugador de fútbol ni tenista.

Les hablaba de los Memos. Hace tiempo me cansé de escribirlos, pero tenía que seguir haciéndolo porque era mi trabajo y no podía renunciar a mi trabajo, sino iba a ser yo el que se iba a ahogar en la pileta, si tuviera una pileta y pudiera pagar el agua.

No me alcanza ni para la caniggia

No podía cambiar el contenido de los Memos, el texto, eso podía generarme incluso problemas legales, a lo sumo podía agregar alguna palabra más o menos divertida, más o menos extraña, pero no mucho. Bitácora, prerrogativa (Gracias Bobby Brown), las use todas, todas, pero la gente como mucho se reía. Yo no quería que se rieran, que les hiciera cosquillas, quería que se indignaran. Algunos aunque sea.

Lo que empecé a hacer fue colocar imágenes al Memo. La cuestión era que las imágenes no guardaban ninguna relación con el texto.

Por ejemplo: yo decía “Deberíamos aumentar las ventas un 20% para el Segmento ABC1” y la imagen era:

No le den vuelta, no tiene sentido

Usaba muchas imágenes predefinidas del Word, las buscaba en Internet. Sobretodo incluía formas geométricas, que no quieren decir nada, que pueden significar todo. Lo que mata a la gente no es lo malo ni lo bueno, es la ambigüedad, un Gago, un Heinze jugando de 3.

La gente me paraba en los pasillos o me enviaba mails preguntando por las imágenes, a veces enojada, a veces preocupada, a veces simplemente curiosa. Yo siempre contestaba lo mismo, “Es para que se entienda mejor el texto”, “Refuerzan el texto”, “¿Quedan bien no?”.

La gente se volvía cada vez más loca, se ahogaba cada vez más en lo desconocido, “¿Quién es este estúpido que no solo no se da cuenta que la imagen no tiene razón de ser, sino que incluso piensa que “queda bien”?”, “¿Por qué lo hace?”, “¿Qué ve el que nosotros no vemos?”. Veo que son unos pelotudos!!!

Bono, ¿Nos tomas de PELOTUDOS?!

Dentro de la gente que recibía el Memo había distintos tipos de personas:

  • El pragmático: Personas que leían el texto y si no entendían las imágenes las pasaban por alto, total no eran lo importante. También podríamos llamarlos personas con sentido común.

  • El Buen Samaritano: Gente que al ver la incoherencia cometida, me la comentaba, para que quede mejor mi trabajo, para ayudarme a ayudarme, gracias, pero yo quería sabotearme para sabotearlos, igual los quiero, tienen buena onda.

  • El Obsesivo: Los que se ahogan en la pileta. Los que no podían tolerar que si las imágenes no tenían sentido estuvieran ahí, por más que el resto del documento fuera coherente. Los que se atascan en el camino, los setentistas, Los Kirchners, Los Chávez, Los Reyes, Los que se quedaron en el 47’, en el 78’, en el 86’.

Lo mejor era verlos pelear entre ellos, cuando se intentaba discutir el Memo, en reuniones y se proyectaba en pantalla gigante. Cada imagen era una roca, un tronco en mitad del camino, un palo en la rueda. Los obsesivos atacándome, los samaritanos defendiéndome y los pragmáticos tratando de seguir adelante, tratando porque era imposible. Cada nueva imagen era peor, cada vez estábamos más empantanados, porque se rememoraban las discusiones anteriores.

Ya no se discutía el Memo, se discutían las imágenes y más tarde la discusión, porque nadie quería perder una discusión en la que había invertido tanto tiempo.

Hablamos distintos idiomas

Por un par de imágenes nos estábamos ahogando como organización, pero estábamos aprendiendo una lección muy valiosa… o no, pero bueno, yo me estaba divirtiendo, aunque parecía muy serio exteriormente.

No me acuerdo como terminó aquel tema de las imágenes. Si algún pez gordo me pidió en privado que las quite casi disculpándose por la estupidez de quienes no las comprendían o golpeó la mesa en aquellas reuniones y les suplicó a los obsesivos que las omitan sus mentes.

El pez grande que se come lo que venga

Fue uno de mis primeros experimentos corporativos, ya había intentado, a veces con éxito, volver loca gente en el ámbito privado, pero fue la primera vez en un ambiente empresarial. Creo que resultó positivo.

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