Los Argentinos solemos preguntarnos muchas cosas. Somos un pueblo que estudia, que indaga, que analiza, y que a veces hace.

A veces pensamos demasiado y no pasamos a la acción, a veces pensar tanto abre tantos campos de acción posible que es imposible elegir. A mi me pasa. Debe haber algo de pereza también, de conformidad. Si el agua nos sigue golpeando la cabeza y todavía no hicimos nada, no debe molestar la gotera.

Una de las preguntas que nos hacemos es ¿Por qué?, ¿Por qué nos odian? No vale la pena analizar si nos odian o no o incluso si nos conocen. La pregunta instala esa verdad en el enunciado. Lo da por sentado.

Perez-Oso

Intentando responder a esta pregunta se llega a un sinnúmero de respuestas, extremas, contradictorias, antisonantes, ¿Argentinas?

“Nos odian porque somos los mejores”.
“Nos odian porque somos los peores”.
“Nos odian porque no somos nada”.
“No sabemos ni lo que somos”.

The Best!

Como si hubiera que ser alguien para que a uno lo quieran. Yo tengo un amigo de 30 años, que vive de los padres, nunca trabajó y se despierta todos los días a las 12 para ver Estudio Fútbol, sin embargo se acostó con más mujeres que todos nosotros juntos.

Enseguida alguien aclara “No nos odian a nosotros, odian a los porteños, lo que pasa es que lamentablemente ellos son los Argentinos que nos representan en el mundo”.

Un Porto que nos representa en el Mundo

Los porteños serían entonces el problema. Los porteños, esa gente que se cree que después de la General Paz hay tortugas gigantes, marcando el fin del Mundo Conocido. Esa gente que cuando la invitas a tu casa te dicen “¿Banfield?, ¿Es cerca de Morón no?” O “Que bueno, siempre quise llevar a mi familia al campo”, esa gente que cada vez divide más su territorio, inventando nuevos barrios, nuevos reinados, como si se tratara de una guerra étnica de Europa del Este.

Según esta tesis, que no comparto, para entender porque nos odian, deberíamos estudiar la causa, los porteños.

Algo que distingue a los porteños es el Subte. El Subte es una especie de Zoológico de porteños. El Subte sirve además porque los somete a situaciones extremas, casi intolerables, dejando más expuestas las miserias. Porque las miserias se exponen en la escasez, nunca en la abundancia. La escasez cambia todo, hasta las leyes. Nadie le va a robar la mujer a un amigo, pero si quedan solos, los 3, en una isla desierta, “Como se va a atrever ese idiota a poner en Riesgo la supervivencia de la Humanidad”.

Metanle sexo que ya aburre

En el Subte se dilucida mucho, casi todo. Se puede incluso inferir las tendencias políticas de los porteños. Tendencias políticas que según los especialistas, se esparcieron por el resto del País, hundiéndonos en la mediocridad..

En mi recorrido diario por los Subtes, individualice ciertos personajes. Seguramente hay más muchos más. Como todo estudio sociológico, esta sesgado por el filtro de mi propia percepción y por la belleza de los culos, sobretodo de la Línea D (Gracias Facultad de Medicina) que me hace distraer y perderme de muchas cosas.

Como le doy a Cuddy

También se agrupa, se generaliza, sino caeríamos en el imposible de describir tantos personajes como personas observadas, que fueron miles, millones. La generalización en este caso es útil, sirve, aunque resuma y elimine detalle.

Si quieren saber si el pelo era ondulado como las olas del mar en luna llena, si su piel era suave como la brisa de verano, si olía a rosas o amapolas, no cuenten conmigo, yo les voy a decir que la mina tenía buenas tetas.

Los Personajes que yo vi, fueron estos:

El que se quiere sentar adonde no hay lugar. Detectores de pequeños huecos, de ranuras de luz, van recorriendo el vagón hasta encontrar alguna y entonces tosen. “Salud Beduino”, “No nene, me quiero sentar”, “Pero pesa 400 kg”, “Correte maleducado”. Todo esto se dice con la mirada, sin emitir sonido, entre líneas. Y entonces uno se corre, lo que puede, para evitar pelearse. La señora se sienta y todos viajan mucho más incómodos. Sin embargo nadie se para por orgullo. La señora para demostrar que podía entrar uno más. Nosotros para pegarle codazos en la espalda y que se muera. Al final se genera una especie de Comunismo mal entendido (El Comunismo bien entendido nunca lo entendí), como supuestamente todos deberían tener derecho a sentarse, todos se sientan y termina por ser más cómodo ir parado.

Esta gente es sin duda de izquierda, votó o votaría a Altamira, a Patricia Walsh, pero se queja si en el hospital atienden a un boliviano antes que a él.

¿No ve que no entra?

El que lee el Libro: Leer es beneficioso. En DB&P promovemos la lectura. Ahora, si el subte va lleno, ¿Podes cerrar el libro 2 minutos?, Me lo estas clavando en las costillas. Ocupa el lugar que debería ocupar mi hígado. Me estas matando.

Está gente es como esos Ministros de Cultura, esos intelectuales, que usan la Cultura de escudo, de muralla para aislarse del Pueblo. Está gente votó a Filmus por su relación con la Educación, pero no ve con malos ojos la política de Seguridad de Macri y fue al menos a dos marchas de Blumberg (en una con una vela) y todavía cree que es Ingeniero “a pesar de lo que digan los medios”.

¿Para que lees el diccionario?

El que se para en la puerta: Está persona cuando el subte llega a la estación suele esperar a que todos ingresen al vagón para luego entrar y pararse en la puerta, impidiendo casi totalmente, el ingreso y egreso de pasajeros por el resto del viaje. No le importa que lo empujen, que lo hombreen, que lo insulten por lo bajo, el quiere estar lo más cerca de la puerta posible, vaya a saber porque. ¿Ansioso?, ¿Claustrofóbico?, ¿Simplemente idiota?

Son de esas personas que guardan los ahorros abajo del colchón y tienen el pasaporte siempre listo. No les importa el país, entendido este como el resto de personas que no son ellos, ni siquiera van a votar y si les preguntan no se mete en política. Estas personas son las que luego, convertidos en empresarios, inician las fugas de capitales, las corridas bancarias, el pánico. Ellos sin dudas, salen primeros.

¿El Dolar no iba a estar a 8 pesos?

El que tiene la puerta: Una versión generosa, desinteresada, social del que se para en la puerta. Se para en la Puerta, pero solo para sostenerla in eternun para que nadie pierda el subte. El guarda suena el silbato, para que el tren avance, pero no puede, porque el no suelta la puerta. Espera a una viejita que viene a lo lejos y va a tardar 5 minutos en llegar, si es que sobrevive, sin darse cuenta que en 3 minutos pasaría otro tren. Por dar quita, tratando de beneficiar a alguien, perjudica a todos.

Sin duda una persona que cree en el Estado de Bienestar. Un posible lector de La Cepal y Jaureche.

Un Buen Estar

El Intransigente: Esto pasa en los asientos dobles. Hay un hombre que va solo, ocupando asiento y medio, pero no porque es gordo o grandote, solo porque va demasiado extendido, demasiado cómodo, con las piernas muy abiertas. Uno llega y da a entender que se va sentar al lado, pero él ni se inmuta,, no se comprime ni un poco, no le da vergüenza. Los intransigentes de siempre. Los que quieren estar solos, aislados. Los que no reconocen al otro ni sus derechos, los que no le dan entidad. Los que votan partidos extremos, no populares, de pocos, de elite. De izquierda o de derecha. Nacionalistas o Revolucionarios. Lo mismo da. Lo que es seguro es que alguna vez en su vidas dijeron “¿Sabes qué?, Habría que matarlos a todos”.

¿Vos estas seguro de unirte a ese partido?

El Apoyador: El apoyador siempre tiene una excusa, lo hizo porque la situación lo demandaba, porque lo empujaron. Lo cierto es que cuando ve venir la ola, como un surfer experto, se arregla para que lo lleve siempre a destino. El nunca quiso, es más, fijate que se estaba poniendo los brazos acá o allá para evitarlo. Misóginos, fascistas, fálicos, violentos, sin dudas apoyaron al proceso, porque eran la única solución, lo inevitable y “Los militares lo hicieron lo mejor posible y dentro de todo no robaron”.

El que se cuelga de la manija de otro: Parecido a el que se quiere sentar adonde no hay lugar. Vas parado, agarrado de una de las manijas INDIVIDUALES que cuelgan del techo. Te alivia un poco el peso. Descansas más. De repente alguien se cuelga de esa misma manija. La manija de pronto deja de cumplir su función. Ninguno de los 2 saca utilidad alguna de la misma. Es más, estar colgado incómoda. No la soltas, porque te da bronca que te la robe, ¿Está gente que pretende? La manija es INDIVIDUAL, está mal robar señor, ¿No lo sabe?, Tiene 50 años!!! El señor, que generalmente es alto, grandote, gordo, tira y tira, hasta que al final te desgarra el brazo y cedes. El tipo consiguió lo que quería, pisoteando tus derechos por la fuerza.

Sin duda un buen pichón de Grupo de Choque, de Sindicalista, de Moyano, de D’Elia. De origen humilde, todo lo consiguió por el tironeo, no cree en crear consenso. Anti Democratico.

Después está la gente normal, nosotros, ¿Nosotros?, los que a veces actuamos como unos o como otros, depende del día, o como todos al mismo tiempo, pero también nos indignamos. Los que votamos a La Ucede, pero somos progresistas, los que no sabemos si Lopez Murphy o Lilita Carrio, los que no tenemos la culpa pero sufrimos las consecuencias.

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