Hace un par de días me encontraba esperando el subte en Bulnes, mirando los televisores que colgaban a lo largo del andén, perdiendo el tiempo entre las canciones de Andy Rao y la música del Dúo Coplanacu, entre unos capítulos de Los Peques y las lecciones didácticas de un señor, un tanto excedido de peso, experto en Marketing, cuando una propaganda me shockeó.

Un hombre estaba sentado en un bar, que bien podría quedar en Las Cañitas por decorado y comensales, frente a una chica, bastante atractiva, que no hacía más que hablarle de su relación con su padre, a todas luces Edípica. El hombre, que no parecía muy inteligente ni muy expeditivo, decide que hay que cortar de raíz con ese momento tenso y aburrido e intenta darle un beso, pero la chica lo rechaza y la propaganda termina con un cartel que dice “Lleguemos a la segunda cita”.

El mensaje que nos quiere transmitir la gente de Doritos es que solo un estúpido, como el protagonista de la propaganda, intentaría besar a una chica en la primera cita, la primera cita es para hablar, para intercambiar puntos de vista, para generar confianza … para suicidarse.

Yo no sé en que clase de mundo viven los creativos de Doritos o en que época, cualquiera que tenga menos de 70 años sabe que ya no existen las mujeres que no besan en la primera cita y ni siquiera existen las citas, primeras, segundas o undécimas. Inclusive hoy en día es condición “sine qua non” haber besado a la chica antes de la primera cita para que exista la primera cita, si es que existen las citas.

Cada vez que quiero concertar una cita con una chica que no besé antes de la primera cita me pasa lo mismo, me atiende del otro lado una voz ronca, siempre es un hombre que tiene una Van o un pequeño micro escolar naranja y organiza excusiones para ir a ver al Indio Solari. Ya fui a verlo a San Juan, a San Luis y a Tandil. No me gusta Indio Solari, pero no me voy a poner a explicarle a estos tipos, que apenas hablan castellano, que el teléfono me lo dio una chica a la que no bese antes de la primera cita, voy a quedar como un idiota. Además de tanto en tanto aparece en los Shows Calamaro de invitado especial y hay unas Rollingas que lo siguen que están bastante buenas.

Lo de los creativos de Doritos es poco realista, el problema es la posibilidad de que se genere una especie de efecto contagio. Que las mujeres, siempre más susceptibles a las propagandas, piensen que fueron ellas y no los creativos de Doritos, las que vivieron todo este tiempo engañadas, en una burbuja. Que empiecen a reclamar citas, que empiecen a negar los besos y que empiecen a hablar de la relación edípica que tienen con sus padres como hacía esa chica parecida a Hanna Montana, que en la vida real sale con Mariano Martínez (o similar), en la publicidad de Doritos.

Lo más probable es que uno, que poco tiene que ver con Mariano Martínez, salga corriendo del bar, no sin antes decirle a la chica lo poco que se parece a Hanna Montana y que lo único que tiene de Disney es cierto parecido a Dumbo, mezclado con la capacidad de expresión y el carácter del Pato Donald.

¿Es esto lo que quieren los publicista de Doritos?, ¿Disconformidad Sexual?, ¿Depresión?, ¿Esto les genera más consumo de snacks?

Pero la peor campaña de Doritos no fue esta, fue aquella que decía “Que vuelvan los lentos”.

Y lo rápido que prendió en la gente, en mucha gente, no en todos para ser justos.

Me sentí como el Científico escéptico de Jurasic Park que decía “Tengan cuidado con Los Dinosaurios, tengan cuidado con los dinosaurios, tengan… ¿Vieron?, les dije, se los morfó”.

Antes de pedir que vuelvan los lentos hay que entender porque se fueron y que generaría su vuelta, para comprender ciertos puntos de conflicto que podría generar su retorno:

Repertorio: ¿Hay nuevos cantantes de lentos o la idea es pasar las viejas canciones?, ¿Vamos a volver a escuchar “Bailar pegados” de Sergio Dalma o los clásicos de Phil Collins?, ¿Tiene sentido tararear Nikita ahora que los chicos creen que La Guerra Fría se le dice al conflicto entre Riquelme y Pellegrini?

Ritmo lento: La vuelta de los lentos jugaría en contra de los que encaran con mediomundo, de los que pescan con Dinamita. Mataría a quienes van por la pista tirando picos y recibiendo muchos cachetazos, es cierto, pero también algún que otro guiño, que multiplicado por la cantidad de la muestra, no son menos de 3 o 4 mujeres por hora. Con los lentos cada mujer va a llevar su tiempo, hay que tantear (¿Cabecear?), acercarse, sacarla a bailar, esperar 2 o 3 temas para hablarle, otros 2 o 3 temas para pedirle el teléfono, avisen, porque yo entro a bailar a eso de las 4 o 5 de la mañana y a las 12 empieza Domingol.

Tener que hablar: Parecería ser que una de las ventajas de bailar lentos es la comunicación. Bailar lentos nos daría algo así como 20 o 30 minutos de público ingenuo y cautivo al que podríamos convencer de cualquier cosa. El problema es que en esos 20 o 30 minutos el espectador se daría cuenta que protagonista esta totalmente ebrio y la película tiene el mismo nivel de coherencia que un capítulo de los Teletubbies con Carlitos Balá de invitado especial. Por regla ninguna conversación en un boliche puede durar más de los que tarda el Halls de menta en perder su efecto. La idea es hablar lo justo y necesario, hacer uso y abuso de los monosílabas y gestos, asentir con la cabeza y después atacar. Que la chica se vaya a su casa pensando que conoció al hombre de su vida, al tipo que la entiende, mientras a nosotros nos despierta a las 10 de la mañana, en un colectivo con rumbo desconocido, un barra brava de Defensa y Justicia para pedirnos una colaboración.

Tipo de Hombres: Los lentos le daría la posibilidad a una especie de hombres que hasta ahora estuvieron muy relegados: A los sensibles, a los que quieren hablar desde el corazón, a los que quieren saber que les pasa a las mujeres, ¿A los gays? Que vayan a Amerika! Y aunque no fueran gays, la realidad es que a las mujeres no les gustan estos hombres melosos, empalagosos. Ellas, todas, hasta las más sofisticada, no quieren un tipo que conozca todo el repertorio de Armando Manzanero, quieren alguien que las toquetée un poco, que las zamarrée delicadamente y les quiera robar un beso mientras suena “Mueve tu cucu”.

Códigos Generacionales: Esta bueno que los padres, tíos y compañeros de oficina más viejos no sepan que pasa en los boliches, que nos quieran sacar de mentira a verdad, que arriesguen cosas como “Ahora en los boliches si vas vestido de rojo te regalan droga” o “Las chicas ahora bailan desnudas y se pasan Aceite Marolio por los hombros”. Si vuelven los lentos, si vuelven las viejas costumbres, nos van a decir cosas como “Dicen que en Pachá se cabecea fácil” o “Me contaron que los zaguanes de Mint están muy buenos” y van a tener razón!!!!

Como ven, la vuelta de los lentos, como de las mujeres que no besan en la primera cita, como de la citas, sería desastrosa.

La gente de Doritos fomenta esto sin medir las consecuencias para incrementar sus ventas, cuando tienen un producto excelente y súper adictivo, que se vendería de todas formas, recurriendo a recetas más tradicionales, como poner mujeres desnudas hablando del Cerro Unitorco o futbolistas que patéen bolsas de snacks por la calle hacia arcos imaginarios.

Siempre hay gente dispuesta a sumarse a cualquier campaña y en este caso es gente que hace mucho que fue a bailar o nunca fue. Gente con nostalgia por lo que le tocó vivir o nunca vivió. Gente que dice “Si pasan lentos iría a bailar”. Claro, yo si al Golf se jugará con una número 5, dos arcos y 11 jugadores de cada lado miraría los partidos.

No se metan con nuestro deporte, inventen el suyo, I Love this game.