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Pasa también con los bostezos. Uno bosteza y enseguida le contagia el bostezo al resto. La mejor forma de arruinar una reunión es bostezar, es generar ese efecto domino de sueño indetenible.

Una vez me echaron de un trabajo por bostezar, un jefe medio loco, histérico, obsesivo, seguramente preocupado por la avalancha de bostezos que podía llegar a generar, por el contagio, claro que también estaba durmiendo abajo del escritorio, pero es que el baño estaba ocupado.

Con los celulares pasa igual. Uno saca se saca el celular del bolsillo, en el subte o en el tren, para llamar o para cambiar de canción y enseguida el resto de la gente hace lo mismo.

Hay gente que saca el celular por una cuestión de status, porque tiene un celular mejor. Pero estamos en el subte, si tuviéramos status no estaríamos viajando en subte. Tendríamos un avión privado, un auto importado, una moto de colección, un Segway. Tenemos un subte, que ni siquiera es nuestro, es del Estado, es del Gobierno, es de La Ciudad, es de La Nación, es de Kirchner, que se murió, si Kirchner se murió Señora, lo enterraron hace poco, y Pelé debutó con un pibe.

Otros en realidad son personas muy miserables y en su desesperanza tratan de imitar a las personas felices. La lógica es la siguiente: “Si ese sacó el celular y está feliz voy a hacer lo mismo y sino funciona ahí si … me suicido”. Y se suicidan o se bajan en la próxima estación y yo me imagino que se suicidan, bien suicidaditos, pero sin interrumpir el servicio o se bajan en Plaza Miserere a las 11 de la noche, que es casi un suicidio pero sin culpa.

Están los que sacan el celular y no saben que hacer, canciones no tienen, tampoco auriculares, algunos disimulan mirando la hora, otros carcomidos por la presión mandan un mensaje, cualquiera. El problema es que ese mensaje cualquiera le llega a la novia, con quien acaban de hablar y ella piensa “Que lindo, acabamos de cortar y ya me manda un mensaje, me ama, no puede vivir sin mi”. Y la novia comienza a planea pasar por Caro Cuore a la salida del trabajo, para comprarse un “conjuntito”, pero la gorda que trabaja a su lado (siempre hay una gorda que trabaja a su lado) le dice “No seas idiota, te manda el mensaje porque tiene culpa, porque seguro te mete los cuerno, si, con esa cara de idiota te mete los cuerno”.  Y a partir de entonces lo mejor que le puede pasar al tipo con cara de idiota, que sacó el celular como un acto reflejo, es que no le tiren las cosas por la ventana, de coger ni hablar, al menos por 1 mes.

Sacar el celular en un medio de transporte no sirve para nada. El Celular lo sabe y lo advierte  “Solo Emergencia”, lo que en realidad quiere decir que no funciona.

Uno ve que no anda en una situación normal y piensa “Pero en caso de emergencia si andaría”. No, no andaría. Sucede que toda la gente que puede dar fe de esto se murió calcinada o victima del gas Sarín sin que el celular pueda hacer nada.

El “Solo Emergencia” solo sirve para que no entremos en pánico, para darnos confianza, como la pluma de Dumbo, como las cámaras de seguridad falsas, como las nuevas tetas de Luciana Salazar, pero no tiene ningún fin práctico más que ese.

Sacar el celular en un medio de transporte  no puede provocar nada bueno,  es llamar a la desgracia, convoca a los snobs, a los suicidas, a los idiotas, en el mejor de los casos a los ladrones. Es como fundar un partido político o un club de fútbol pero sin tanto trámite administrativo.

Si puede evítelo. Por el bien de todos.

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