Lo que viene

La Verdadera Historia

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Capítulo 1: Iniesta en España

Conocí a Iniesta a mediados del 2004. Había llegado a España a cubrir un partido del Barcelona y ya en el Aeropuerto la gente no paraba de hablarme de él. “Tiene que ver a Iniesta” me dijo el taxista que me llevó al hotel, “No me extrañaría que lo termine comprando El Boca” profetizó el botones del Hotel, “Este si va a triunfar en Argentina” me apostó un chico de no más de 7 años con la remera de Independiente nueva, que había salido a la venta hacía apenas 3 día. Pensé que exageraban. Lo mismo había escuchado antes de Casillas, de Xavi, de Villa y no habían cumplido con todo lo que auguraban.

Casillas era titular en Racing, pero la gente lo resistía por un clásico perdido por culpa suya. Villa había empezado bien, haciendo muchos goles, pero luego de una sequía goleadora, ahora era suplente de Cavenaghi en River, Xavi había vuelto al fútbol español, al Tenerife, luego de un olvidable pasó por San Lorenzo, no se había acostumbrado a la dinámica del fútbol Argentino. Ninguno había triunfado, ¿Por qué Iniesta iba a ser distinto? … SIGUE

Capítulo 2: Iniesta ¿Otro Messi(as)?

Llegué a la casa de Iniesta dos horas luego de lo previsto. Le eché la culpa a la ruta, dije que me había perdido, pero la noche anterior la había pasado de bar en bar. Entré al primero con la intensión de tomarme una cerveza e irme a dormir, pero la gente no paraba de reconocerme de “Tribuna Caliente” y me hacía preguntas y me invitaba tragos y me presentaba chicas. Luego de un rato ya no podía irme, era una de mis pocas noches en España, ¿La iba a desaprovechar?
En la puerta, preocupado por mi tardanza me recibió Andrés junto a su familia, me habían estado esperando. Todos sus familiares eran mujeres: tías, primas, hermanas y por supuesto La Madre, así, con mayúsculas. Los hombres no existían o no estaban. Andrés había sido criado, moldeado por mujeres. Era a la vez un consentido y un solitario, no hablaba mucho, escuchaba, como les gusta a las mujeres que hagamos al resto de los mortales, escuchaba y pensaba, tal vez demasiado

Enseguida nos dejaron solos, aunque podía sentir la presencia de las mujeres en las ventanas, en las puertas, en las paredes. Eran como fantasmas, que se materializaban cada tanto, interrumpiéndonos para ofrecernos comida, bebida o tener alguna que otra gentileza … SIGUE

Capítulo 3: Esperanto

Era miércoles, no tenía ganas de salir, pero tampoco habían tenido ganas de salir el lunes y el martes y había terminado saliendo igual. Me conecté a Facebook, tiré al río mi propio anzuelo. Si las notificaciones comenzaban a llegar, si era alguna chica a la que no podía decir que no,  si no la recordaba pero miraba su perfil y no podía resistirme, iba a terminar actuando contra mi voluntad, pero no lo decidiría yo, sino Dios, el azar, el ciberespacio o el ente abstracto al que ustedes subscriban.

Tenía muchos contactos femeninos, muchas mujeres muy lindas: modelos, actrices, estudiantes, pero  sobretodo Promotoras. Alguna vez escuché que de las miles de mujeres que sedujo Casanova (quizás cientos, que serían miles hoy ajustadas por la inflación) entre el 80 y el 90 % eran Criadas.  Seguramente no eran las conquistas que más lo enorgullecían, las que él más recordaba, al momento de contar una historia, en un bar, rodeado de amigos, probablemente se jactara de las reinas, de las princesas, de las acaudaladas herederas y no de aquellas sacrificadas trabajadoras, que en definitiva fueron mayoría.
Las Promotoras eran en nuestro ambiente Las Criadas del Siglo XXI, un artilugio estadístico que omitía la historia … SIGUE